Por Ti Por Nosotras, Campaña del CDCV

 “Por ti, por nosotras” es la campaña que se realiza este año en el Centro de Desarrollo Comunitario Versalles para concientizar sobre la eliminación de la violencia contra la mujer, a propósito de este día internacional que se conmemora este 25 de noviembre.

Las cifras frente a este tema cada vez son más alarmantes en Colombia; el informe de Medicina Legal, revelado en la víspera del día de la mujer, del presente año, muestra que, pese a la visibilidad que ha ganado la lucha contra la violencia de género, el panorama no mejora. Los homicidios aumentaron de 940 del 2017 a 960 para el 2018. Los otros indicadores crecieron así: 2.000 presuntos delitos sexuales más, 500 casos de violencia interpersonal y otros 500 de violencia intrafamiliar. Finalmente hubo 122.000 casos de violencia contra la mujer.

También indicó que el rango de edad más afectado es de 20 a 24 años, aunque también se han incrementado las cifras de homicidios en niñas menores a 4 años, y aunque en las ciudades más grandes del país ha disminuido este tipo de violencia en otras, como Arauca aumentan los casos. La violencia contra la mujer es una de las violaciones a los Derechos Humanos más presentadas.

Es por esto que el CDCV, se une cada año a esta iniciativa con el objetivo de concientizar sobre la violencia para su eliminación. Se hace énfasis en la educación de equidad de género para afianzar la confianza, forjar el carácter y romper los estigmas que se han creado hacia la mujer y por parte de los hombres para que reconozcan el valor y las capacidades de la mujer, que eviten ser creadores o cómplices de violencia y bajo ninguna circunstancia se justifiquen la violencia hacia la mujer.

“Por ti, por nosotras” relaciona tres formas de violencia: la violencia física, que son todas las acciones que causan dolor físico, la violencia psicológica, que consiste en acciones o palabras que hagan sentir menospreciada a una mujer y la violencia sexual, que es cualquier tipo de acoso que viole el derecho a que la mujer decida sobre su vida sexual. Según la OMS, las estimaciones mundiales indican que alrededor de una de cada tres mujeres en el mundo han sufrido violencia física y/o sexual de pareja o violencia sexual por terceros en algún momento de su vida.

Luz Adriana Arcila Ramírez, Psicóloga y coordinadora de la modalidad Intervención de Apoyo - Apoyo Psicosocial expresó: “La violencia de género generalmente parte del ser humano, de sus conductas y de sus antecedentes de crianza pero también de lo que sucede en el entorno familiar, por la intolerancia, por las pautas de crianza machistas o feministas”

La historia y las costumbres patriarcales han marcado una brecha de desigualdad entre géneros, provocando cierto dominio o poder del hombre sobre la mujer; este poder se ha manifestado por medio de diversos prejuicios impuestos históricamente en la cultura que han determinado la vida de muchas mujeres.

- Si la mujer usa minifaldas o ropa destapada, está provocando a los hombres”,

- Solicitar aprobación para comportarse o expresarse en sociedad

- Si la mujer consume alcohol, drogas o no se niega, hay un permiso moral social para justificar los abusos

- El papel que se le ha dado a la mujer tradicionalmente en los oficios del hogar

Si hay una negación ante una mayoría masculina, los agresores crean una víctima susceptible de reprender o castigar según sus determinaciones y en muchos casos la mujer asume este papel con sumisión al no ver otra salida.

Adriana Arcilla añadió que existen varias razones por las cuales las mujeres no denuncian: la primera es el desconocimiento de las formas de violencia, segundo el miedo, las amenazas, la falta de protección y por último que el circulo de la violencia se perpetúa; “entonces la pareja le habla fuerte, luego la agrede, luego se arrepiente, vuelve y se repite”.

Aunque ahora hay un movimiento más visible de mujeres que reconocen su valor luchan desde diferentes esferas sociales por acabar con la violencia, es fundamental trabajar en la equidad y el respeto de género para cambiar el chip del rol masculino dominante de los agresores.