Retos y logros de los programas sociales durante el aislamiento social

 

La nueva “normalidad” es el tema actual de las personas; qué va a pasar, qué sigue después de esto y cómo retomar la vida son algunos de los cuestionamientos más frecuentes en el día a día. El tapabocas se convirtió en una prenda más de uso infaltable y el distanciamiento social reemplazó los abrazos, reuniones y todas las prácticas presenciales humanas.

A pesar de ser un concepto ya universal, la normalidad se define de manera diferente de acuerdo a las condiciones geopolíticas, socioculturales y económicas de cada población. Entre ellas se encuentran las poblaciones rurales, adultos mayores, madres cabeza de familia y por supuesto niños, niñas y adolescentes, un grupo al que más le cambiaron sus actividades diarias y la forma de interacción con otros. Muchas de estos grupos poblacionales participan en programas sociales y comunitarios, que también han tenido que transformar sus prácticas y estrategias para seguir llegando a las personas que más lo necesitan. 

Pero no se puede pasar al futuro sin hablar del presente, es necesario identificar las características especiales de este momento y los principales retos y cambios que ha generado en la sociedad, en las organizaciones y en los programas sociales y comunitarios.

Inicialmente, esos retos son comunes a los que se presentan en otros espacios de la sociedad, como son la adaptación de las rutinas, el trabajo en casa y con este, el manejo del tiempo para desarrollar las actividades laborales y del hogar, compartir con la familia y descansar para mantener tener un equilibrio de vida.

marca F 800X600 Además, lo que ha significado una vida a distancia y virtual, ha promovido el acercamiento a las nuevas tecnologías, que exigen algunos conocimientos previos y desarrollar habilidades en las herramientas digitales. No solo para los trabajadores del área social esto ha significado un desafío al trasladar sus intervenciones y acciones a la virtualidad, sino en especial, para las poblaciones que reciben las atenciones; aquellos que viven en zonas rurales y no cuentan con dispositivos electrónicos, conexión a internet ni señal telefónica. También están las poblaciones y familias que, a pesar de vivir en la zona urbana, tampoco cuentan con este tipo de herramientas de comunicación o que, si lo tienen, no poseen la habilidad o el tiempo para aprovechar la tecnología y esto genera dificultades para recibir información y actividades para una atención integral.  

El tiempo es el principal recurso activo de un ser humano y es necesario prestar especial atención a la forma como se emplea y se distribuye para cubrir de una manera óptima las necesidades de cada uno y evitar la saturación porque alguna de las actividades que se lleve más tiempo del debido.

Otro de los desafíos está relacionado con la comunicación, pues al perder la presencialidad y la interacción social, las personas se ven enfrentadas a expresar sus ideas, emociones, sentimientos y dificultades a través de una pantalla o un teléfono y esto cambia significativamente el proceso de comunicación, pues pueden presentarse mal interpretaciones, ruidos en el mensaje, en el canal o negación a desenvolverse de una manera genuina a través de estos medios. Estos contratiempos han aumentado durante el aislamiento para los equipos profesionales y las poblaciones atendidas. 

Sin embargo, los retos también significan aprendizaje y transformación de las dificultades, como ha sucedido cuando las comunidades que participan en programas sociales, reciben con ánimo las actividades programadas y en el ejercicio de responder a estas, fortalecen los lazos de unión con sus familias y allegados, comparten tiempo y se conocen mejor durante esta situación que pone a prueba la recursividad y creatividad para resolver las complejidades del día a día.